¡Menuda reacción normal! ¡Es un verdadero bestia! Irene empujó a Diego con furia, queriendo darse una rápida ducha y terminar con todo. Pero el hombre la abrazó desde atrás, presionando su cuerpo contra ella.
—¡No hagas locuras! —gritó Irene.
—No estoy haciendo nada de eso.
Aunque decía que no podía hacer nada, en realidad había muchas cosas que podía hacer. Cuando salieron del baño, Irene sintió que estaba más cansada que si hubiera corrido tres kilómetros. La piel entre sus piernas ardía.
¡Mal