POV Lanya.
Ese beso… no fue suave. No fue dudoso. Fue voraz, desesperado, como si en él estuviera contenida toda una verdad que había sido negada durante demasiado tiempo.
Pero no. No podía dejarme llevar.
Mi mente reaccionó antes que mi cuerpo.
Lo empujé con fuerza, separándolo de mí. El aire frío entre nosotros fue como una bofetada que me devolvió la conciencia.
Damiano, sin embargo, no se detuvo.
Volvió a acercarse, buscando atraparme otra vez, como si mi rechazo no tuviera peso.
—¡No, Damia