En la penumbra de la madrugada, Simón abrió los ojos lentamente, sintiendo el calor del cuerpo de Natalia junto al suyo.
La luz tenue de la calle se filtraba por las cortinas mal cerradas, bañando su habitación con un resplandor dorado.
Giró la cabeza hacia ella. Natalia dormía profundamente, con el cabello revuelto y la respiración acompasada.
Una leve sonrisa curvó sus labios. Era hermosa, incluso en ese estado de fragilidad. Pero la sonrisa se desvaneció rápido, sustituida por una punzada