El restaurante quedó atrás, y con él, el amargo episodio que Natalia deseaba olvidar. Keiden conducía con destreza, mientras Nathan iba en el asiento trasero, hablando emocionado sobre lo que quería comer y los juegos que esperaba usar.
Natalia, desde el asiento del copiloto, lo observaba con una sonrisa relajada. Keiden parecía tener el don de devolverle algo de calma tras el caos.
El almuerzo transcurrió en un ambiente distendido. Keiden hizo reír a Nathan con historias ingeniosas, y Natal