El rostro de Graciela palideció ante las palabras de Natalia. Miró a su hija mayor con un desconcierto que rápidamente se transformó en angustia.
—¿De qué estás hablando, Natalia? —preguntó con voz temblorosa, incapaz de procesar las palabras de su hija mayor—. ¿Acaso es cierto eso?
Natalia alzó ambas cejas, cun gesto cargado de cinismo. Antes de que pudiera responder, Roberto intervino con el ceño fruncido, apuntando con un dedo hacia Simón.
—¿Pero no se supone que tú y Natalia ya estaba