En la sala de espera del hospital, Graciela observó la expresión sombría en el rostro de Keiden. Su corazón dio un vuelco, y un temor profundo comenzó a formarse en su pecho.
Con pasos temblorosos, se acercó a él, sus manos entrelazadas como si buscara fuerza.
—Keiden… —su voz era un susurro cargado de preocupación—. ¿Qué ocurrió? ¿Cómo está mi hija? ¿Y el bebé?
Keiden suspiró profundamente, pasándose las manos por el cabello, sintiendo como si el peso del mundo estuviera sobre sus hombros