La oficina de Natalia estaba decorada con tonos neutros y toques minimalistas, lo justo para un ambiente profesional, pero acogedor. Delia se encontraba sentada frente a su amiga, jugando con un bolígrafo mientras los últimos ecos de su conversación sobre Simón se desvanecían.
Natalia respiró hondo, intentando sacudirse cualquier residuo de incomodidad tras la confesión de Simón. Sin embargo, la pausa fue efímera.
Delia, con una sonrisa traviesa que siempre anunciaba una pregunta incómoda,