Graciela, ajena a la tensión entre Natalia y Keiden, continuó hablando con entusiasmo renovado.
—Ya verás, Natalia, esta vez no dejaré que tu padre vuelva a caer enfermo —dijo, sacando un cuaderno con una interminable lista escrita—. He planeado todo: su dieta, sus caminatas diarias, incluso voy a buscarle una nueva rutina de ejercicios. ¡Todo será perfecto!
Natalia la escuchaba pacientemente, asintiendo de vez en cuando, pero su mente vagaba de regreso a Keiden. Quería explicarle lo de Sim