—¿Rachel? —indagó él, la agarró de las manos y la separó de su cuerpo.
—La misma, querido, ¿qué haces en Londres? ¡Tantos años sin vernos! —exclamó, sonreía ampliamente.
Rachel era una mujer muy atractiva, de exuberantes curvas, piel trigueña, cabello claro, ojos color miel, siempre fue elegante, sofisticada, hermosa.
—Me mudé a Londres —comunicó en tono seco, entonces miró al lugar donde estaba sentada Aby, y estaba vacío, giró su rostro y la observó salir por el umbral de la puerta de la c