Kendra abrió los labios frunció el ceño.
—Pero, Aitor… ¿La vas a defender? —balbuceó.
—No intervengas Aitor —vociferó Robert—, esto es entre mi hija y yo. ¿Quieres que de nuevo te humille, nos humille? —gritó, y miró a su hija con desprecio.
Aby volvió al presente al escuchar la voz de Aitor, sus ojos estaban anegados de lágrimas por los recuerdos de su triste infancia, su respiración era irregular, pero ya no podía dejar que de nuevo la humillaran como esa noche.
—Maltratándola no es la forma