Lucius siguió manejando, lanzó un grito y un gruñido de desesperación, luego encontró la curva para volver al camino, descendió, tanto como pudo, cuando se dio cuenta de que su auto no podría bajar más, se detuvo y lo dejó ahí, corrió como un loco, sin detenerse, iba tan rápido.
Algunos automovilistas se detuvieron a mirar el terrible accidente.
Aquel auto había dado volteretas, cayendo al río, y siendo arrastrado, pero se notaba que algunos pasajeros habían salido del auto, por el golpe, pero