Lisa y Lucius volvieron a la mansión Brighton, y la joven se sentía mal, ella aún permaneció en el jardín, cuando Luicus entró en casa
—¡Ni se te ocurra escapar! O no volverás a ver a tu hermana, jamás —sentenció Luicus
Lisa se sentó en una banca del jardín y se echó a llorar, se sentía asqueada por lo que había hecho, cubría su rostro con sus manos y pensaba que era la peor persona del mundo
«¡Soy lo peor! ¿Cómo llegué hasta aquí! Ojalá que ese doctor no siga las órdenes de Lucius, ojalá qu