17. ¡Basta con tus celos estúpidos!
En el camino, padre e hija no pararon de parlotear, y cuando llegaron a casa, no fue menos distinto. Cassie estaba ya fuera de peligro y parecía animada con la idea de Cassio allí, tanto, que no dudó en invitarlo a su habitación a pesar de lo recelosa que era con sus cosas.
— Me agradas — le dijo la pequeña Cassie a su padre, y no sabía por qué, pero le inspiraba mucha confianza.
Cassio sonrió y la miró asombrado.
— Tú también me agradas.
— Genial, ahora podemos ser amigos y tendrás que venir a