El pánico de Christian llegó hasta lo más profundo de su ser. Y, como si eso no fuera suficiente, el teléfono que sostenía en la mano no dejaba de sonar ni por un segundo, mostrando una llamada tras otra de Victoria y Wilson alternativamente. Con la mano ligeramente temblorosa por la frustración contenida, deslizó el botón verde.
—Hola, tía —saludó Christian, intentando ocultar el nerviosismo en su voz.
—¡Christian! ¡Trae a Evelyn aquí ahora mismo! ¡La hemorragia de Chloe está empeorando y nece