Joshua suspiró: –La mano.
Astrid no supo a qué se refería Joshua por un momento, e inconscientemente se miró la mano. Entonces se dio cuenta de que la sangre de su brazo ya había fluido hacia allí. El callejón de ahora era demasiado oscuro y, por el susto que recibió, no le importaba en absoluto su mano.
El dolor estaba a punto de consumirla en general en el siguiente segundo, y apretó los dientes para soportarlo. No sabía qué hacer.
–Usa esto para detener la hemorragia primero– Joshua se quitó