Se secó el cabello como siempre hacía y se espantó cuando se vio en el reflejo del espejo. Tenía el cabello con tanto volumen que se comparó con un hongo, y se lamentó en voz alta de su desgracia.
¡No podía dejar que Joseph la viera así!
Era lo más feo que había visto en su vida y si le sumaba las ojeras que llevaba bajo los ojos, se le hacía imposible compararse con un zombi.
—Lexy —escuchó y la voz de Daniela fue acompañada por un par de golpecitos que la despertaron de su desgracia.
—¡¿Sí?!