Ruegos

Logró entonces que las ganas afloraran más y se impusieran encima de toda lógica.  La apretó de las caderas, hundiendo un segundo dedo en su vagina y mientras exploró su acuoso interior, su lengua jugó en la parte baja de su abdomen, acercándola cada vez más a ese umbral que empezaba a enviciar a Lexy.

La joven gimió al ritmo de los movimientos que sus dedos le

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Maria Orozcocuanta intensidad :o
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