Aunque se lo había prometido, todavía se quedó en su sitio sin moverse. Aparentemente, estaba muy reticente. Después de un buen rato, finalmente se convenció y se acercó.
—¿Cómo va? —preguntó.
—Ya casi termino. No tengas tanta prisa. No solo tienes que pensar en la mía, sino también en la tuya —respondió Noa.
—¿La mía? —dijo Alex sin entender.
—Claro. Tienes que colaborar conmigo, ¿no? Después de mi publicación, también tendrás que publicar la tuya —dijo Noa apoyando el mentón con la mano, como