Su voz había sido suave, ronca e incluso un poco tentadora.
Noa, aturdida, casi le dijo que estaba bien. Pero de repente pensó en algo y apretó los labios.
—No me parece nada bien. ¿Por qué tengo que hacer lo que dices? —cuestionó Noa y resopló.
Al escuchar esto, Alex se sorprendió un poco. En realidad se había imaginado que lo rechazaría. Pero ahora ella le prestaba más atención, lo que implicaba que él aún tenía la oportunidad de estar con ella.
—Entonces, ¿cómo hago para recuperarte? ¿Quiere