Al escucharla, Noa se sintió un poco molesta y volvió a corregírselo:
—¡Fue! ¡Ya no es mi esposo!
Pero Sofía parecía perdida en sus pensamientos sin saber qué estaba diciendo:
—Es igual, ¿no?
Noa se sintió impotente y no respondió. La pronunciación de la palabra “fue” era muy diferente a la de “es”. Y el sentido también era diferente.
—Entonces, ¿ahora qué quiere él? ¿Acaso no puede aceptar el divorcio y quiere recuperarte? ¿Y quiere casarse contigo otra vez?
—No sé qué mierda quiere hacer —mal