Laura dio un paso torpe y luego miró a Noa.
Noa a su vez le lanzó una mirada. Sus ojos estaban ligeramente enrojecidos y parecían un poco hinchados. Debía haber llorado después de lo sucedido, ya que su expresión estaba cansada y sin brillo.
Después de ser empujada por Daniela, Laura se acercó. Su voz sonaba ronca.
—Noa, quiero hablar contigo a solas, ¿está bien?
—Entonces ustedes dos pueden charlar. ¿Deberíamos irnos al lado? —dijo Daniela.
Noa tampoco tenía ganas de impedírselo, así que Daniel