Alex no pudo evitar mover un poco sus brazos y pellizcar su cintura blanda y suave.
—Emm… —Noa emitió un sonido, como una bebé mimada.
Cuando se dio cuenta de que era Alex quien la había tocado, levantó su cabeza y le preguntó con una expresión inocente:
—Cariño, ¿por qué me pellizcaste?
Alex se quedó sin palabras, sintiéndose avergonzado.
Lanzó una mirada a Fernando, que estaba fingiendo no oír los sonidos que provenían del asiento trasero. Cuando percibió la mirada de su jefe, se apresuró a sa