Para evitar que Noa se preocupara, el asistente de Simón le respondió honestamente de inmediato:
—No pasa nada. Él está tomando una ducha fría. No te preocupes por él.
—Vale —dijo Noa.
No le parecía extraño lo de la ducha fría, ya que era verano y muchas personas la tomaban.
—¿Podrías hacerme un favor? Dile que estoy esperándolo —Noa apretó los labios y preguntó.
—Por supuesto.
El asistente olvidó por completo la mirada molesta de Simón. No pudo resistir la súplica de Noa y abrió la puerta de in