—Vamos —dijo Alex.
Noa miró aturdida su mano. Él era un poco delgado, pero tenía músculos en los brazos y se veía sexy. Luego miró al abuelo y notó su mirada llena de esperanzas. No tuvo más remedio que tomarle la mano.
Tan pronto como la tocó, Alex la agarró la mano para que se levantara del asiento. Noa se sorprendió un poco, sintiendo su calor. La palma de Alex estaba cálida y seca, así que no se sintió incómoda.
Al verlo, el abuelo sonrió con más alegría y dijo animado:
—Tengan un buen desc