Mundo de ficçãoIniciar sessãoLas manos me temblaban, estaba sudando como si el cuarto estuviera a cuarenta grados de temperatura, si me hubiese visto en el espejo, probablemente habría encontrado a una Andrea pálida, lánguida y ojerosa, con enormes lágrimas amenazando desbordarse por mis ojos.
No sabía cómo sentirme. ¿Un hijo? ¿Debería estar feliz? Mi única preocupación era cómo Guillermo se tomaría tal noticia.
La vo







