—Hola Robinson.
—Hola Magda, no te imaginas con cuántas ansias te estoy esperando.
—Claro que me lo imagino.
—Ven vamos a sentarnos, pero antes que me cuentes lo que descubriste, deja que me tome un whisky.
—Sírveme uno a mí por favor, yo también lo necesito.
—Ahora sí, vamos a hablar, dime cómo está ella después del susto que le dio Richard.
—No te preocupes, ella está tranquila, la que tengo los nervios a millón soy yo, mira lo que te traje.
La señora M