Me doy vueltas y la miro, allí está muy pegada a mí, contempló su carita de ángel, sus ojos brillan incitando al amor, tomo su rostro en mis manos y con mis labios comienzo a tatuar cada palmo de su piel, empezando por su frente, de allí voy bajando con mucha delicadeza hacia sus párpados, ella cierra sus ojos, yo continúo mi trabajo hasta sus mejillas, luego bajo a sus labios y allí me detengo para que él escultor que hay en mí pueda realizar bien su trabajo, sigo bajando hasta su cuello,