Estoy tan distraída con mi bebé que no había tomado en cuenta a una invitada, a parte sentada en una silla, un poco alejada de los demás, como no queriendo llamar la atención estaba Emilia.
Cuando la veo me acerco y mi reacción fue de abrazarla, ella me ve y queda como paralizada.
—Emilia, qué alegría verte.
—Fernanda, perdóname.
—¿Por qué?, no tengo nada que perdonarte.
—Perdoname te fallé, cuando el señor Frank me dijo que tenía que perderme para que no declarar