Los milagros existen, jamás me imaginé que en un una celda, en un lugar donde creí que mi vida terminaba, allí iba a conocer a la persona que me iba ayudar a salir del encierro. Estando Richard en la celda llega el abogado.
—Buenos días señor Richard, buenos días señoritas.
—Buenos días abogado.
—El agente nos va a conducir a una oficina donde podamos conversar.
Nos dirigieron a una oficina con una mesa larga y varias sillas.
—Bueno aquí estamos, señorita Gabriela