Mundo ficciónIniciar sesiónLos días de Fausto se habían convertido en un ciclo interminable. El silencio dentro de la casa a veces era abrumador. Se filtraba a través de las ventanas y se instalaba en las esquinas, envolviendo todo en una soledad palpable. Trabajaba incansablemente, con la mandíbula apretada, intentando ignorar el eco de sus propios pensamientos. Las herramientas se amontonaban a su alrededor: serruchos, martillos, clavos; todos cuidadosamente dispuestos pero sin el menor ra







