Roy
Jeyson tenía sus ojos cerrados, su pulso estaba débil y aunque no es fácil de reconocer, las ganas de llorar que tenían eran cada vez más grandes. Cuando por fin, logré llegar al automóvil, lo puse en la parte de atrás del carro, mi cuerpo estaba manchado de sangre como si fuera éste una película de terror, la peor de todas, en la que estaba apunto de morir un hermano para mí y el otro, estaba encerrado quién sabe porque cosa.
Manejé a toda velocidad, hasta llegar a la ciudad de nuevo y al