Guillermo y yo llegamos al hospital. Como solía hacer, él tomaba mi mano mientras mirábamos a nuestro alrededor. Me llamaba la atención que cada vez que salíamos de casa, él se comportaba de manera extraña. Parecía temer que alguien conocido nos viera o, en el peor de los casos, que yo pudiera escapar de su lado.
Sin embargo, al mismo tiempo, intentaba no dejar que esas suposiciones llenaran mi mente de pensamientos negativos. Después de todo, desde que desperté del coma, la primera persona q