Abril estaba en shock, incapaz de creer lo que Rubén le estaba revelando. Dos años habían transcurrido desde aquel fatídico día en que nuestra madre había fallecido, y Abril había mantenido su secreto oculto. El asesinato había parecido tan fácil en ese momento, sin sospechas ni indicios que la señalaran como culpable. Solo le bastó entrar a cuidados intensivos y desconectar el equipo de respiración artificial, para que mi madre sufriera un paro cardiaco que le costó la vida.
A pesar de que en