105. Tomando lo que quiero
Un calor abrasador la golpeó, mientras un nudo feroz se le formaba en su garganta.
Solo Dios sabía cuánto había extrañado ella esas dos palabras.
Cuando se permitía soñar, siempre se imaginaba siendo amada por un hombre al que ella le entregara su corazón pero la única cara que su mente evocaba, era la de Zinoviy.
Durante cinco años había intentado enterrarlo, convencerse de que podía vivir sin escucharlo nunca más. Pero ahora, oír su sobrenombre cariñoso de nuevo en su voz grave y profunda, de