Punto de vista de Sofia
Una hora después, salí del hospital con Esperanza a mi lado, las instrucciones del médico resonando en mi mente: una dieta adecuada, medicamentos y descanso suficiente. Todo parecía irreal, como si estuviera viviendo la vida de otra persona en lugar de la mía.
Esperanza se ofreció a llevarme a casa, y acepté sin discutir. Mi cuerpo se sentía demasiado agotado para protestar. Me hundí en el asiento del copiloto, me abroché el cinturón de seguridad y dejé escapar un suspiro tembloroso mientras ella arrancaba el motor.
El silencio se extendió entre nosotras por un rato, interrumpido solo por el leve zumbido del motor del coche. Miraba distraídamente por la ventana, viendo cómo la ciudad pasaba borrosa en tonos grises y dorados mientras caía la tarde. Mi mente daba vueltas con mil pensamientos, ninguno de los cuales se asentaba lo suficiente para poder comprenderlo.
La voz de Esperanza cortó mis pensamientos en espiral. —¿Has decidido contarle a Adrián sobre el emba