60. Frustración
El sol apenas había salido cuando me encontraba ya sentado en mi oficina, rodeado de pilas de documentos y el brillo de la pantalla de mi ordenador. Había pasado meses intentando seguir adelante, tratando de llenar cada minuto de mi día con reuniones, contratos, y decisiones empresariales.
Era mi manera de anestesiar el dolor, de convencerme de que, si mantenía mi mente ocupada, no tendría tiempo para pensar en Harmony. Pero, por mucho que lo intentara, el vacío que había dejado no desaparecía.