Viendo a Laura llorar aún más, Diego se sintió cada vez más impotente. Mientras tanto, después de llorar un rato, Laura se calmó por sí misma. Se secó las lágrimas de la cara y, al ver a Diego tan desconcertado, soltó una risa.
—Gracias, ahora me siento mucho mejor— dijo Laura.
Diego finalmente se relajó. Sacó algunas servilletas de papel y se las entregó a Laura. Ella las aceptó en silencio y, después de un momento, dijo con una voz apenas audible:
—Las peleas son tan molestas.
Diego se sorpre