El sacerdote en el funeral seguía recitando el elogio fúnebre. Aparte de la hipócrita princesa Dilia, todos los presentes lamentaban sinceramente la pérdida de la joven princesa y rezaban por ella, deseando que en su próxima vida pudiera regresar a sus brazos.
Creían firmemente que el tesoro perdido volvería a esta tierra algún día. La familia real de Corandia era muy exclusiva, pero su amor por los seres queridos superaba todo. Era difícil para alguien sin lazos de sangre establecerse en esta f