Ante los gritos de su mejor amigo, Diego se sintió un poco desconcertado.
Jaime era genial en todo, excepto por su mal carácter.
Y tenía unas tremendas mañas cuando recién se levantaba. Por eso había atendido su llamada, de lo contrario aunque sonara el teléfono no respondería e incluso después le recriminaría.
Diego movió la cabeza divertido y dijo:
—Jaimito, despéjate un poco. Este no es un caso menor, es de suma importancia.
Jaime, recién levantado, se rio fríamente mientras se vestía y gr