Laura colgó el teléfono con un atisbo de fatiga en su mirada. La ira en su interior casi la cegaba. Hizo un esfuerzo por contenerla y se sumergió nuevamente en el montón de documentos sobre su escritorio.
Por otro lado, Diego ya había regresado a su propia empresa. Lo primero que hizo al llegar fue llamar a su asistente.
El asistente, al ver la expresión de Diego, comprendió de inmediato sus intenciones:
—¿El señor presidente desea que investigue los movimientos recientes de su esposa?
Diego lo