Laura aclaró que esos problemas menores realmente eran pequeños detalles, sin tratar de excusarse.
Esos problemas surgidos parecían inconsecuentes, como buscar hueso en el huevo.
Laura frunció el ceño y marcó el número del inversionista. Suavizó su tono de voz:
—¿Hola? ¿Señor Pereira?
—Soy Laura, la responsable de la empresa Laura.
—Lamento molestarlo con esta llamada repentina, pero quisiera consultarle sobre el motivo por el cual cancelaron de forma inesperada la inversión en nuestro proyecto