Puede que salir un poco la ayude a encontrar inspiración, pensó Laura. Decidida, llamó a Diego para avisarle y luego salió acompañada de su guardaespaldas.
Aunque no le agradaba mucho la idea de tener a alguien siguiéndola, la guardia real todavía estaba rastreando a los asesinos. Para no causar problemas a otros y por su propia seguridad, decidió que llevar más guardaespaldas era lo más sensato.
Al salir, recordó el pequeño pueblo donde se alojó al llegar a Corandia. Había alquilado una casa