Travis lo único que hace es llegar a su habitación y encerrarse en ella, pero no sabia que alguien lo estaba siguiendo.
Pocos minutos después de que cerró la puerta, alguien tocó.
—Por favor, no quiero hablar con nadie—escruta, mirándose en el espejo de cuerpo entero que Ángel le obsequió.
Sus ojos no sólo estaban inyectados de sangre por los puñetazos que le propinó su padre, sino, porque había estado llorando luego del inevitable regalo que le dio su progenitor.
No se consideraba un mal chic