Las manos de Rafael mantuvieron a Zoé con la barbilla en alto, mientras Rafael se inclinó desde su altura para alcanzar la boca delicada, pero exigente que lo hizo perder los estribos.
No quería parar, mucho menos consideró hacerlo porque el solo roce de sus cuerpos, ya de por sí, suponían su perdición. Ahora tenerla dispuesta para él fue aún más difícil de detener.
Su lengua ingresó en la cavidad de Zoé, mientras ella conoció un nivel más de las sensaciones abrasadoras que le hicieron sentir p