Narra Robert
El viaje de regreso se hizo aun más largo, pero esta vez era diferente porque la compañía de Ainoa era reconfortante. Aquel cubículo que para ella era terrible de compartir conmigo, se convirtió en un espacio agradable. Fueron las treinta y una horas más divertidas, me reí mucho con ella, charlamos de que le gustaba mucho leer novelas cuando era más pequeña; por eso le di el libro de mi padre, era justo que terminara de leerlo y luego me contara que tal era. No es que no me guste l