A pesar de sus intentos de liberarse de su mano, él la sujetó firmemente de la muñeca, como si quisiera evitar que se fuera, o quizá como si él mismo se negara a dejarla ir; sin embargo, no era el momento de retenerla.
La tensión entre ambos fue palpable, y el leve temblor en su voz reflejó su lucha interna en ese deseo de querer huir de todo lo que le rodeaba.
No reparó en el guardia que, desde la esquina más oscura del lugar, vigilaba cada uno de sus movimientos.
Él no interrumpió la conversa