En ese instante sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Giovanni no la había defendido por afecto o preocupación, solo había reafirmado su control absoluto sobre todo lo que le pertenecía, incluyendo a ella.
Lo observó salir de la habitación sin decir más.
Por la tarde, Elena retomó sus tareas, las cuales no eran propias de una señora en una mansión como esa, pero obedeció las órdenes del mayordomo sin protestar.
Mientras pulía el suelo del segundo piso, se topó con una puerta doble de rob