(Koddel)
Ella lo dijo sin pensarlo, sin detenerse, como una verdadera fiera que había estado enjaulada por mucho tiempo. No podía mirarla sin entristecerme, soportar tanto, no lo merecía y jamás podría recompensarla. Tenía un corazón de hierro, nada la doblegaba ni aun con todos los pronósticos en su contra. La amaba, podría hacer cualquier cosa por ella, incluso marcharme sin pertenencia alguna, olvidando las herencias que mis padres me dieron en legado.
La sostuve entre mis brazos disfrutando