Tal como mi rostro se giró con el impacto, el de esta mujer sufre el mismo destino cuando le devuelvo el golpe en la mejilla. Un chasquido seco resuena en el aire. Iris jadea detrás de mí, atónita, pero Felicity… Felicity no parece sorprendida en lo más mínimo. Casi diría que lo esperaba.
Víbora. Todo esto era parte de su plan.
—¿Cómo te atreves? —me espeta la mujer, fulminándome con la mirada. Sus ojos arden de furia, y la marca roja de mi palma resalta en su piel—. ¿¡Cómo pudiste hacerme e