Adhara sabía que los días “tranquilos” habían terminado.
Esa noche, cuando regreso a la mansión, Irina Volkov la estaba esperando…
—¿Con qué te crees superior? —le preguntó con aquel tono cargado de desprecio—. Déjame adivinar qué es lo que te hace sentir así—puso un dedo en su mentón y simuló pensar—. ¡Ah, ya lo sé! ¿Crees que de alguna forma mi hijo te llegara a elegir? —se burló.
Adhara se rio sin gracia.
—Su hijo no me interesa en lo más mínimo, señora; sin embargo, estoy disfrutando muc